POR Onintza Zubizarreta Aguirre
05/03/2026
La herida de abandono es una de las más profundas que podemos experimentar durante la infancia. Cuando un niño no se siente visto, valorado o atendido emocionalmente, esa experiencia suele dejar una marca duradera en su vida. Aunque el tiempo pase y nos convirtamos en adultos, la herida de abandono sigue influyendo en la forma en que nos relacionamos con nosotras mismas y con los demás. Si de pequeña sentimos que nadie nos miró, crecimos sin saber cómo mirarnos, cómo cuidarnos y cómo valorarnos.
En este artículo, exploraremos cómo esta herida se manifiesta en nuestra vida adulta, cómo afecta nuestro diálogo interno y qué podemos hacer para empezar a sanar.
¿Qué es la herida de abandono?
La herida de abandono es un trauma emocional que surge cuando un niño siente que sus necesidades de atención y amor no son satisfechas de manera consistente, generando una sensación de soledad, inseguridad y miedo a ser abandonado de nuevo o rechazado. El niño crece sintiendo que sus emociones no son importantes y que debe lidiar solo con su dolor. Con el tiempo, esto puede convertirse en una sensación persistente de soledad y desvalorización.
Si nadie te miró, no sabes mirarte
La herida de abandono se convierte en una voz interna que nos dice que no merecemos ser atendidas. Si de pequeñas nadie nos miró cuando más lo necesitábamos, si nuestras emociones no fueron validadas ni tenidas en cuenta, aprendimos a ignorar nuestras propias necesidades.
Hoy, como adultas, esto se refleja en la incapacidad para cuidarnos, en la tendencia a minimizar nuestras emociones o contrariamente a pensar que el mundo es responsable de ellas. En definitiva:
El diálogo interno que nace de la herida de abandono
La herida de abandono también moldea el diálogo interno que mantenemos con nosotras mismas. Este diálogo es el resultado de las experiencias y mensajes que recibimos en la infancia, y puede ser muy crítico y autodestructivo si crecimos sintiendo que no éramos lo suficientemente importantes para ser atendidas, miradas y amadas. A continuación te dejo algunos ejemplos:
Este diálogo interno se convierte en un ciclo que refuerza la herida de abandono, haciéndonos sentir que estamos solas, que no somos lo bastante buenas y que debemos conformarnos con recibir menos de lo que necesitamos y merecemos.
Cómo afecta la herida de abandono a nuestras relaciones
La herida de abandono influye directamente en la forma en que nos relacionamos con los demás, especialmente en la manera en que vivimos la maternidad, el amor y la amistad. Algunas de las formas en que esta herida puede manifestarse incluyen:
Miedo a la intimidad: Por otro lado, algunas personas desarrollan una tendencia a mantener la distancia emocional. Este miedo a la intimidad surge inconscientemente del temor a volver a ser abandonadas. La lógica es que, si no nos permitimos conectar profundamente, evitaremos el dolor de la pérdida.
Sobreprotección hacia los hijos: Las madres que llevan una herida de abandono a menudo temen que sus hijos experimenten lo mismo. Esto puede llevarlas a ser sobreprotectoras, intentando llenar en exceso cada necesidad de sus hijos para evitar que sientan la soledad que ellas sintieron.
Abandono hacia los hijos: Es muy fácil que si sufriste la herida de abandono en tu infancia repitas esos mismos patrones hacia tus hijos. Simplemente no aprendiste a hacerlo de otra manera.
Empezar a sanar la herida de abandono
Sanar la herida de abandono es un proceso que requiere tiempo, pero es posible. Al aprender a mirarte a ti misma, a validar tus emociones y a romper el ciclo de autocrítica, puedes empezar a construir una relación más sana contigo misma y con los demás.
Conclusión
La herida de abandono que sufriste en la infancia puede estar influyendo en la forma en que te miras, te cuidas y te valoras hoy en día., así como en la forma en la que acompañas a tus hijos. Sin embargo, reconocer esta herida y empezar a trabajar en ella es el primer paso para romper el ciclo. Al aprender a mirarte a ti misma con amor y a cuidar de tus propias necesidades, te das la oportunidad de vivir una vida más plena y de ofrecer a tus hijos un ejemplo de autovaloración y autocuidado, a la vez que aprendes a mirarlos y cuidarlos de la misma manera.
Recuerda que la sanación no es un destino, sino un viaje, y cada paso que das para sanar es un acto de amor hacia ti misma y hacia aquellos que amas.