POR Onintza Zubizarreta Aguirre
05/03/2026
Quizá conoces al detalle las necesidades de tu hijo/a neurodivergente. Sabes qué situaciones le desbordan, qué le ayuda a calmarse y qué apoyos necesita en el colegio. Organizas citas, anticipas dificultades y buscas respuestas.
Pero cuando alguien te pregunta «¿qué necesitas tú?», puede que no sepas qué contestar. O que tengas una respuesta inmediata: tiempo, descanso, ayuda.O incluso que te pongas a llorar sin poder pararlo.
Tu bienestar merece un "hueco" en el acompañamiento familiar.
Tu bienestar físico, emocional y mental merece atención porque tú también tienes necesidades, emociones, un cuerpo y una vida que cuidar. Además tu bienestar influye directamente en el bienestar de tu hijo/a neurodivergente.
Y la neurociencia así nos lo indica.
La investigación actual sobre estrés parental y salud mental materna respalda la importancia de mirar también a quienes cuidan, en este caso tú mamá o papá.
¿Qué nos dice la ciencia sobre el estrés en estas familias?
En el ámbito del TDAH, Theule y sus colaboradores publicaron un metaanálisis que reunió 44 trabajos, 22 publicados y 22 no publicados. Encontraron que los padres y madres de niños con TDAH experimentaban, en promedio, más estrés parental que los grupos de comparación sin dificultades clínicas.
Esto describe una tendencia entre grupos. No significa que todas las familias vivan la misma experiencia, ni que la neurodivergencia determine por sí sola el bienestar de una madre o de un padre. La situación merece una mirada individual (las necesidades de apoyo del hijo, los recursos disponibles y las circunstancias familiares pueden ser muy diferentes), pero la realidad es que en la gran mayoría de las familias con neurodivergencias este estrés parental exagerado es palpable.
Por eso, conviene preguntarte qué está suponiendo esta crianza para ti en este momento de tu vida. Pararte a conectar con tu cuerpo, con tus necesidades y con tus sueños, para poder desde esa conexión de tu propia realidad, empezar a reconstruir tu vida familiar desde otro lugar más respetuoso también contigo misma/o.
La carga que no siempre se ve, pero está
Esa gran carga física, mental y emocional que estás llevando a cuestas no siempre se ve desde fuera. Sin embargo, eso no significa que no exista. Incluso puede que una parte importante de tu esfuerzo ocurra antes de que nadie lo perciba:
Si te reconoces en estas escenas, merece la pena hacer visible ese trabajo.
Puedes empezar escribiendo todas las tareas que sostienes durante una semana. Incluye también las que consisten en planificar, recordar, coordinar y anticipar. Esa lista puede ayudarte a conversar sobre el reparto de responsabilidades con más claridad.
¿Qué sabemos sobre las intervenciones dirigidas a las madres?
Dykens y sus colaboradores estudiaron a 243 madres de hijos con autismo u otras discapacidades del desarrollo. Las asignaron aleatoriamente a dos programas grupales: uno basado en mindfulness y otro en psicología positiva, durante seis semanas.
Ambos grupos mostraron mejoras en estrés, ansiedad, síntomas depresivos, sueño y satisfacción vital. El grupo de mindfulness obtuvo mayores mejoras en algunos resultados.
Hay que interpretar estos datos con cuidado: el estudio comparó dos intervenciones activas, sin un grupo que no recibiera intervención. Tampoco permite trasladar sus resultados automáticamente a todas las madres de hijos neurodivergentes o, específicamente, con TDAH u otras neurodivergencias.
Además, evaluó programas estructurados. Una pausa breve en casa no equivale a una ayuda profesional o una intervención estudiada.
Lo que este trabajo aporta es una razón para ofrecer atención específica al bienestar materno y seguir investigando qué apoyos ayudan, a quién y en qué condiciones.
Si sientes que estás necesitando ayuda profesional para poder sostenerte de forma saludable y darte a tí misma y a tu familia lo mejor de tí, aquí puedes empezar tu proceso para que puedas a lograrlo.
Cómo crear rutinas de bienestar que quepan en tu vida
Las siguientes propuestas son orientaciones prácticas. No constituyen un protocolo exaustivo ni sustituyen una atención individual cuando la necesitas. Pero si las aplicas, en poco tiempo notarás una diferencia.
Empiez por observarte, observar tu día a día y observar tus necesidades.
1. Una revisión breve de tus necesidades
En un momento cotidiano —al desayunar o antes de acostarte— puedes preguntarte:
¿Cómo estoy hoy?
¿Qué necesito?
¿Qué puedo pedir, cambiar o posponer?
Intenta concretar la respuesta. «Necesito ayuda» puede convertirse en «necesito que alguien se encargue de la cena los martes y jueves».
Identificar una necesidad es el primer paso para poder atenderla.
2. Un tiempo de descanso "garantizado" (con un acuerdo detrás)
Si necesitas descansar, revisa qué tendría que ocurrir para que ese descanso sea posible.
¿Quién puede asumir el cuidado? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Con qué información? ¿Qué responsabilidades puede gestionar sin consultarte continuamente?
Cuando haya otra persona cuidadora (ya sea tu pareja, algún otro familiar o alguien de pago) buscad acuerdos completos y con compromiso: hacerse cargo de una tarea también incluye recordarla, prepararla y resolverla.
Si cuentas con poco apoyo, puedes explorar recursos comunitarios, asociaciones o servicios disponibles. Las posibilidades serán distintas en cada familia.
3. Un momento para expresar lo que te pasa
Puedes reservar una conversación semanal con alguien de confianza (una amiga, por ejemplo) o buscar un espacio profesional.
Tal vez necesitas hablar del cansancio, de una preocupación o de sentimientos que te cuesta compartir. Elige un espacio donde puedas expresarte sin tener que justificar cada emoción.
4. Una actividad de disfrute cada día
Pregúntate qué actividad te apetece recuperar: leer, bailar, pasear, escuchar música, conversar con una amiga o dedicarte a algo creativo.
Escoge una versión posible. Quizá diez minutos de lectura o una llamada breve. Si se queda pequeña para lo que necesitas, tómalo como información para revisar tus apoyos.
Tu vida puede contener también placer, curiosidad e ilusión, o mejor dicho, debe de contenerlo.
5. Rutinas sencillas de bienestar físico
Para que el autocuidado físico no sea una tarea imposible, es esencial encontrar pequeñas actividades que puedas integrar fácilmente en tu rutina diaria. Aquí te dejo algunas ideas prácticas que puedes empezar a aplicar:
6. Rutinas de bienestar emocional
El bienestar emocional es tan importante como el físico. Si te sientes emocionalmente desbordada, estresada o abrumada, es esencial que encuentres maneras de restaurar tu equilibrio interior. Aquí te dejo algunas rutinas emocionales que puedes probar:
Incorporar el autocuidado sin culpa
El autocuidado no es egoísmo, es una necesidad.
Cuidar de tu salud física y emocional te permite ser una mejor madre, más presente, con más energía y con más paciencia para enfrentar los retos difíciles del día a día con tu hijo/a neurodivergente.
No necesitas hacer grandes cambios en tu vida para priorizarte. Basta con integrar pequeños hábitos en tu rutina diaria que te permitan reconectar contigo misma y tener un poquito más de energía y calma. Si te sientes bien, tu hijo también lo notará, y estarás enseñándole una lección importante sobre la importancia del autocuidado y el bienestar personal.
Beneficios de priorizar tu bienestar
El autocuidado ofrece numerosos beneficios, tanto para ti como para tu familia. Al incorporar rutinas sencillas de bienestar en tu vida diaria, notarás los siguientes cambios:
Conclusión
El autocuidado no es un lujo, es una necesidad, especialmente para las madres con hijos neurodivergentes y con mil tareas al día. Incorporar pequeñas rutinas de bienestar en tu vida diaria te permitirá mantener tu salud física y emocional en equilibrio, sin sacrificar el tiempo con tu familia. Recuerda, cuidarte no solo te beneficia a ti, sino también a tu hijo/a, quien necesita una madre fuerte, equilibrada y llena de energía.
No esperes a sentirte completamente agotada para empezar a cuidarte. Con pequeños cambios, puedes hacer una gran diferencia en tu bienestar y en la calidad de vida de toda tu familia.
Si has llegado hasta aquí y sientes que necesitas ayuda en tu maternidad neurodivergente, aquí puedes reservar la primera sesión para empezar vuestra transformación.
Estudios citados:
Theule y colaboradores (2013): estrés parental en familias con hijos con TDAH.
Metaanálisis publicado en Journal of Emotional and Behavioral Disorders.
Consultar el estudio
Dykens y colaboradores (2014): reducción del malestar en madres de hijos con autismo y otras discapacidades del desarrollo.
Ensayo aleatorizado publicado en Pediatrics.
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