Comprender la Autorregulación Emocional de los niños/as y adolescentes con TDAH

POR Onintza Zubizarreta Aguirre
09/10/2026

Comprender la Autorregulación Emocional de los niños/as y adolescentes con TDAH

Del «contrólate» al apoyo concreto: Comprender la Autorregulación emocional en el TDAH

«Contrólate». «Cálmate». «No te pongas así».

Quizá has pronunciado estas frases cuando tu hijo con TDAH se ha desbordado ante una frustración, una discusión o un cambio inesperado. Ves que necesita recuperar la calma, pero no sabes cómo ayudarle. Y él tampoco parece encontrar el modo.

Pedirle que se calme expresa lo que esperamos que ocurra. Pero tu hijo/a, a menudo, NO PUEDE!!! 

Para lograrlo simplemente necesita de tu acompañamiento y tú necesitas comprender qué le ayuda a recuperar su equilibrio.

 

Qué significa autorregularse emocionalmente

Entendemos por autorregulación emocional la capacidad de recuperar el equilibrio después de haberlo perdido y hacerlo por uno mismo.

Pero ojo, recuperar el equilibrio no exige dejar de sentir enfado, tristeza o frustración. Todo lo contrario. Significa sentir las emociones (en la intensidad que sea) y ser capaz de volver a un estado en el que la emoción sea manejable y puedas decidir cómo responder ante la situación que ha activado tu emoción. Vamos a verlo con un ejemplo: 

Tu hijo puede seguir molesto porque ha terminado el tiempo de juego y, aun así, recuperar suficiente calma para expresar su desacuerdo sin gritar, hacer daño a otros o hacerse daño a sí mismo.

Cuando para lograrlo necesita que otra persona lo ayude, hablamos de corregulación. Podemos distinguir así entre la ayuda que recibe y la capacidad que va desarrollando para hacerlo por sí mismo. Cuando lograr regularse por sí mismo (esto suele darse después de haber experimentado la corregulación de forma repetida) entonces hablamos de autorregulación.  

 

Qué relación tiene con el TDAH

Algunos niños y adolescentes con TDAH presentan dificultades importantes para regular sus emociones. Una revisión de Shaw y colaboradores describe la desregulación emocional como frecuente y relevante en el TDAH, aunque su presencia y sus manifestaciones varían entre personas.

Por eso, necesitamos observar a cada niño/a o adolescente con TDAH y darnos cuenta de qué situaciones le desbordan, cómo vive esos momentos y qué es aquello que facilita su recuperación.

El modelo de Barkley ofrece un marco para comprender algunas dificultades de autorregulación relacionadas con el TDAH. Las orientaciones prácticas que presento a continuación se apoyan también en mi experiencia de acompañamiento a familias.

En consulta, observo que estas estrategias pueden resultar útiles para los padres y madres que las ponen en práctica, siempre que las ajustemos a las necesidades de su hijo y a su situación familiar. Por eso las considero recursos que merecen la pena explorar, observar y adaptar.

Del «cálmate» a comprender cómo recupera la calma

Si tu hijo pudiera recuperar su equilibrio simplemente al escuchar «cálmate», la situación sería completamente diferente y por supuesto más sencilla. Pero con un niño o adolescente con TDAH no suele ser así. Aunque lo escuche, él/ella no se puede calmar solo/a. 

Por eso una a pregunta útil es: «¿Qué necesita en este momento de mí para volver a un estado de cierto equilibrio en el que pueda manejar medianamente lo que siente?»

Las siguientes orientaciones son propuestas para explorar en familia. Necesitan ajustarse a su edad, sus preferencias y sus necesidades.

1. Reconocer el momento en el que se encuentra

Observa cómo se manifiesta su desbordamiento. Puede gritar, llorar, agitarse, quedarse bloqueado o pedir que nadie le hable.

Evita dar por supuesto que sabes lo que necesita. Cuando esté tranquilo, podéis conversar:

«Cuando estás muy enfadado, ¿te ayuda que me quede cerca o prefieres un poco de espacio?».

Su respuesta puede orientarte, aunque después necesitéis revisar juntos qué funciona en la práctica.

2. Cuida la seguridad y reduce las demandas del momento

Durante un episodio intenso, valora qué necesita resolverse inmediatamente y qué conversación puede esperar.

Si existe riesgo de daño, la prioridad es proteger a quienes están presentes. Puedes marcar un límite con pocas palabras:

«No voy a permitir que pegues. Vamos a separarnos».

La explicación sobre lo ocurrido puede retomarse cuando sea posible escuchar y conversar. Más adelante. 

3. Ofrece acompañamiento sin exigir una recuperación inmediata

Puedes comunicar tu disponibilidad:

«Estoy aquí».
«Podemos hablar después».
«¿Quieres que me quede cerca?».

Observa cómo responde. A algunos niños les resulta útil la cercanía; otros necesitan menos palabras o cierta distancia. El contacto físico o la cercaní debe respetar sus preferencias y su aceptación.

Cuando tu presencia le ayuda a recuperar el equilibrio, estás ofreciendo corregulación. Conviene reconocer ese apoyo sin confundirlo con que ya pueda hacerlo de manera autónoma.

4. Descubrid qué le ayuda a volver al equilibrio

En un momento tranquilo, podéis explorar recursos: buscar un lugar con menos estímulos, moverse, permanecer en silencio, respirar despacio si le resulta agradable o expresar lo que le pasa.

No necesitas imponer una técnica. Probad una opción y revisad su utilidad:

«¿Esto te ha ayudado a sentirte un poco mejor?».

Una estrategia puede ayudar en una situación y resultar insuficiente en otra. Esa información permite ajustar el acompañamiento a vuestro caso concreto. 

5. Practica cuando haya recuperado la calma

Después podéis revisar el recorrido:

«¿Cuándo empezaste a sentirte desbordado?».
«¿Qué te ayudó a recuperarte?».
«¿Qué te gustaría probar la próxima vez?».

Con un niño pequeño, quizá baste una conversación breve. Con un adolescente, podéis elaborar un acuerdo que respete su intimidad y le permita elegir cómo pedir apoyo.

El objetivo es que vaya reconociendo su experiencia y encuentre recursos que le ayuden a pedir ayuda o a utilizarlos por sí mismo cuando tú o el adulto de referencia no esté con él/ella. 

6. Observa la autonomía sin retirar la ayuda de golpe

En un niño/a o adolescente con TDAH la capacidad de autorregulación emocional tarda en llegar. Por un lado, porque su cerebro está madurando más lentamente que un cerebro neurotípico de su edad. Y por otro, porque el entorno no suele acertar a ofrecerle estas opciones de corregulación para que poco a poco vaya aprendiendo a hacerlo por sí mismo. 

A menudo, los niños/as y adolescentes con TDAH tienen otra dificultad añadida: Les cuesta muchísimo pedir ayuda. Y pedir ayuda también es una capacidad valiosa. De hecho es la mejor manera de aprender, poco a poco, a hacerlo por sí solo. 

7. Recuperar el equilibrio y responsabilizarse de lo ocurrido

Una vez recuperada la calma, podéis abordar las consecuencias de sus actos. Es importante hablar de ello y ayudarle a que se de cuenta de que sus acciones tienen consecuencias y que a veces es necesario reparar el daño que se ha hecho. 

Si ha insultado, roto algo o hecho daño, acompañarlo emocionalmente es compatible con ayudarle a reparar y preparar una alternativa para otra ocasión.

«Ahora que podemos hablar, vamos a pensar cómo reparar lo que ha pasado».

Comprender su dificultad permite intervenir con más criterio y mantener límites claros.

 

La familia también necesita recuperar su equilibrio

Acompañar episodios intensos puede resultar agotador. Conviene revisar cómo os organizáis, quién puede ofrecer relevo y qué apoyo necesitáis los adultos. Vuestro bienestar es prioritario si queréis ayudarle a mantenerse regulado. 

Si los desbordamientos son frecuentes, intensos o afectan de forma importante a la vida familiar, escolar o social, una valoración individual puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y qué atención necesita.

En mi acompañamiento a familias con hijos con TDAH, solemos mirar estas situaciones en profundidad y trabajar apoyos ajustados a vuestro día a día.

La pregunta que puede orientar este proceso es: «¿Qué ayuda a mi hijo a recuperar su equilibrio y qué necesita de mí para aprender poco a poco a hacerlo por sí mismo?»

 

Referencias

Shaw, P., Stringaris, A., Nigg, J. y Leibenluft, E. (2014). Emotion dysregulation in attention deficit hyperactivity disorder. American Journal of Psychiatry, 171(3), 276–293. Leer el estudio completo.

Barkley, R. A. (1997). Behavioral inhibition, sustained attention, and executive functions: Constructing a unifying theory of ADHD. Psychological Bulletin, 121(1), 65–94. Consultar 

Utilizamos cookies propias y de terceros para el análisis de tus hábitos de navegación y realizar estudios estadísticos, mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias y compartir o mostrar contenido de este sitio web en redes sociales. Si continúas navegando, consideramos que aceptas la utilización de cookies. Puedes obtener más información en nuestra Política de Cookies.